El cofre de Leucosia en dos cartas y una sonrisa

Pablo Viola

 

Adolfo Bioy Casares – Paradigma: “El señor escribe?- preguntó la señorita Eguren. Lo llamé para contarle una historia. Una historia real. Yo se la cuento y el señor en un abrir y cerrar de ojos (o en un dos por cuatro) la adapta para una revista o un libro. Como si dijésemos, yo le doy las palabras y el señor, que es un poeta le pone la música”.

Estimada señorita Eguren,
le agradezco de corazón, sinceramente, pero Ud. me sobrestima, yo no soy ni un poeta ni un compositor. Soy solo un modesto adaptador, más bien un diletante del decir que del escribir, un hacedor de caprichos, de asteriscos, de escolios de poca monta, una curiosidad literaria. Para contar su historia nos gustaría algún otro, un joven Henry Miller o un Bioy Casares, por ejemplo, o el despreocupado Calvino de Amores difíciles.
Su historia es una historia paradigmática, digna de una novela ejemplar.
Usted me cuenta, con cándido estupor, que inmediatamente después de haber tirado en la bolsa de basura los recuerdos encerrados en una caja style d’antan, se materializaron como por encanto, los sujetos-objetos de los amores(duraderos algunos, fugaces otros) de vuestro pasado:
desde Poggio alla Croce Marco Tullio, un monje tibetano de Greve in Chianti, descendió de la colina y golpeó a su puerta: “Me encontraba en los parajes y…”;
desde San Martín de los Andes, Nahuel, un poeta araucano, le envió un largo poema (un canto triunfal en lengua mapuche) que recordaba vuestro encuentro en el Festival de los Dos Mundos de Spoleto;
desde la tierra colorada de Ilha do Ceme Mauricio, un cocinero chino, comenzó a asediarla, vía e-mail, con perfumados haiku al aroma de flores de durazno;
desde Sannazzaro de’ Burgondi salió de la nada vuestro primer marido (¡?!);
desde Florencia Niccolò, Ivo y Giovanni;
desde Venecia Lorenzo;
Ferdinando desde Nápoles;
desde…
En Roma un vuestro ex, después del quinto vaso de tequila me confió: “no es una mujer, es un travesti brasilero”;
Qué hacer? Por dónde comenzar?
Pedí ayuda a mis amigos: tenía necesidad de más de un punto de vista, de ángulos diferentes para encontrar la justa inspiración.
Desde Buenos Aires respondió Carlos B., psicoanalista de la escuela lacaniana:

“Seamos políticamente correctos: concedemos a Lacan que La Mujer no existe, pero ocupémonos, coincidiendo con él, de la cuestión del detalle. En este relato (que por su sesgo de suceso en una habitación cerrada sin otros datos que los visibles podríamos también llamar con Agatha Christie o cualquiera del género de misterio: “en esa trama”) se habla de Una Mujer.
“Me tomo la licencia de las mayúsculas no solo porque así resulta un poco más impresionable sino porque saliendo de los devaneos imaginarios, en este caso las mayúsculas, rubrican en su formato, la importancia de alguien que en tanto Una parecería darle consistencia a uno/s cuantos hombres.
“No estamos en presencia de la viuda negra o de otras fantasías un poco infantiles que devastaron maternalmente la vida de muchos, sino en presencia de ese otro sexo (una mujer) que resulta sujeto de una historia en la que navegando por su propia vida va tejiendo encuentros felices y transitorios con hombres. Personajes masculinos que si ella es sujeto, son entonces su predicado, lo que ella puede predicarse, darse a ver y existir, a tal punto que cuando decide que es tiempo de concluir con los recuerdos, los marineros, hombres de esa nave altiva se hacen presentes en una enigmática cronología o en lo que el Maestro Freud llamaría una sobredeterminación, que como en el caso del chiste no es aconsejable su explicación. Solo una afirmación, no hay unos (hombres) sin Otra”.

Desde Madrid respondió Raúl D., psicoanalista freudiano:

“Pienso en la formulación freudiana que dice «lo que está condenado a permanecer incognoscible…» o sea que teniendo parcial distancia con lo que hacemos, una parcial distancia con lo somos, nuestro ser está conmovido por su propia ausencia, no somos nuestros dueños… «Pobre del yo – se apiada Freud- servidor de tres patrones» , ¿A qué puerto modesto quiero llegar con esto?; la protagonista- no sin cierta petulancia- arroja sus objetos significativos, investidos, libidinizados a la basura, como si en su totalidad le pertenecieran o le pertenecieron totalmente. La cuestión- una cuestión- es que ¡mira por donde! (al decir de los españoles) estos, los objetos, las vivencias retornan evidenciando su autonomía, su cierta ajenidad exhortando a la protagonista que «abandone toda esperanza» de que lo que ha vivido sea suyo, solo suyo y depende de su albedrío la jerarquía, el sitio justo de las cosas; «en este momento en el altar, en este otro en el sitio de los deshechos…».
“Clínicamente alguien que arroje ciertas “esencias(¿?)” a la basura puede leerse en clave de lo previo de otro pasaje al acto; / ella misma catalogada como desperdicio, pues fue ella quien en el pasado catalogó lo que hoy es desperdicio, como deslumbrantes abalorios. Otra lectura con menos espesor patológico nos haría pensar «esta mujer quiere limpiarse, purificarse de manera tal que quizás constituye el anhelo narcisista de recibirlo todo otra vez…Todo y otra vez, de vivirlo todo otra vez, todo otra vez…»”.

Desde Ciudad de México, Alejandro J. respondió con un telegrama (¿?):
“Lo mucho es siempre poco. Salud y pan criollo”
Me parece que estaba pasado de mezcal y peyote.
Más tarde, desde París, Alejandro propuso una solución pirotécnica:
“Decile a Leucosia de comprar un fuego de artificio, una caña con explosivos contundentes en envoltura redonda, una bomba que al explotar produce una nube de estrellas variopintas, pero, antes de hacerla volar a la luz de la luna declinante, decile de escribir sobre la cabeza del cohete, con tinta indeleble, los nombres que habitaban el cofre y de embeberlos con óleos de patchuli kosher. El fuego es luz, es memoria lejana.
“«Bebe y mira las estrellas / Medita en las culturas que se tragó el desierto», aconsejaba el amigo Khayam”.

Con el material que tengo a disposición – dos cartas y una sonrisa- buscaré de componer el capricho.
Si no lo logro pido disculpas.
Vuestro devotísimo Pablo V.
Post data: Leucosia era, junto a Ligea y Partenope, una de las tres sirenas de Ulises.
Sirena, de seirazein “Atar con una cuerda” o “agotar” (DiccionarioDevoto-Oli).

Platón- Gorgias : “ …las mujeres de Tesalia que bajan la luna del cielo”.
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Simo
que Vinayaka Ganeš/dios de los juegos y de las broma/continúe/a/sonreirte
Traducción Graciela Palermo