Entre ríos de palabras.
Un homenaje a Arnaldo Luis Calveyra

Carlos Brück

Hoy 17 de enero supe de la muerte de Arnaldo Luis Calveyra. Una muerte temprana para quien -más allá de su edad- mantenía el vigoroso entusiasmo que lo hizo escribir de tantas maneras que recorriesen géneros y lectores.

Pero como alguna vez ya lo comenté, creí conocerlo cuando comenzaba mi adolescencia y él su muy transitoria carrera docente. Los dos estábamos en el secundario y el era el profesor de Educación Democrática que supo comentarme algo cuando esos términos también significaban algo.

Muchos, muchísimos años después, necesite comprobar que Arnaldo Luis Calveyra, ese poeta nacido en Entre Rios, graduado en La Plata, mi ciudad natal, y residente definitivo en París era la misma persona amable que podía hacer frente a nuestra inquietud por ser alumnos de primer año que se estaban despidiendo de la canción Aurora y de los eventos infantiles.

Hubo un hallazgo, el poeta venía a la Feria del Libro y podía preguntarle sobre su identidad o mi falso recuerdo.

Allí sentado, le di la mano le comenté de mi admiración por sus ríos de palabras y le pregunte con inquietud si era el mismo de ayer ó  si yo estaba equivocado queriendo satisfacer por vía del recuerdo mi propio narcisismo.

Su respuesta rápida con una mirada tan luminosa como ese porvenir que se suponía para nosotros escolares y futuros técnicos de la Patria fue breve: “ por supuesto que sí…”.Preguntó por mi apellido y con una frase de una ternura incalculable me dijo que no lo recordaba (¡50 años después!). Ese fue para mí un gesto llevado a la poesía. Luego me senté, ya no en un pupitre y el se sento ya no un en una silla profesoral y comenzó a leer un texto. Fue Luis Chitarroni quien generosamente me ubico un libro de él donde hablaba de sus alumnos,” inventados los nombres…” me había anticipado Calveyra, pero no hacía falta estar advertido que en esa ficción había una alusión a la belleza hablara de lo que hablara.

No escribo esto para consuelo, uno sabe que sin ser un deudo igualmente puede estar adeudando algo. Quizás algo de mi propia escritura se cifra en esta y otras escenas, quizás la construcción de una identidad pasa por reconocer el semblante de otros que dijeron lo suyo para que se sepa.