Silvia Manzini

Un testimonio

“Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme” (Stendhal,1817)
Una cita nos cita en el encuentro con la belleza y el vértigo inexpresable, casi físico que produce el fenómeno estético.
La psicoanalista Graziella Magherini*, en Florencia, observó cuadros breves e intensos con alteraciones, junto a manifestaciones somáticas de gran variedad, generalmente en turistas, durante sus visitas a lugares artísticos. Desvanecimientos, mareos, distintos alteraciones de la percepción, el desencadenante, un viaje con la falta de cotidianidad y el impacto ante la obra artística al que denominó: Síndrome Sthendall.

O Síndrome de Florencia, que da cuenta de un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones en un sujeto luego de ser expuesto a obras de arte, especialmente cuando son particularmente bellas o están expuestas en gran número en un mismo lugar.
Así el arte sería una expresión de doble flujo: al plasmar y el evocar intensidades emocionales
Hace unos años visite Florencia, padecí como poeta el síndrome Alighieri cuando visité Casa di Dante, con los grabados de Doré y el Ponte Vecchio. Más allá de su lectura clínica, el síndrome de Stendhal es un referente de ese efecto romántico, ante la acumulación de belleza y la exuberancia del goce artístico.
“ Volaban unas mariposas y había unos eucaliptos muy hermosos, nada más que esto, y fui rodeado y traspasado por una sensación de amor tan intensa que me arruinó la vida en este mundo”
Con otra cadencia, Viel Temperley en su poema, transmite algo de este indecible. Desafío de todo poeta, de todo poema “hacerle decir a las palabras lo que ellas no pueden decir” según Pellegrini, algo que el arte y la belleza rozan, cuando nos toca el cuerpo.
De ese resto intraducible, se trata, este verano viajé por la obra de algunos artistas plásticos amigos y admirados desde el gran Maccio, a Gualdoni (el ironista)al cruce de mi encuentro con Mario Trejo, quien ahora nos dejó. Con riesgo de padecer el mencionado síndrome, como antídoto, escribí estas pinceladas a modo de pequeño testimonio.

Rómulo Maccio
Imágenes (en lengua de poeta)
Ahí donde la Avenida Belgrano, cruza un puente y otra ciudad se levanta contra el cielo y el Río de la Pata, a modo de paseante baudelariana, no de los Salones Nacionales, sino en los del Museo de Bellas Artes de UCA recorrí la muestra de Rómulo Maccio Galería que nos lleva a diversos mundos y ciudades, uno se abre por las vidriadas puertas de un Hair Salon o Salón de Belleza de Greenwich. Perfiles de una pareja como dos siluetas chinas en un espejo a través del cuál se entreve la figura de una joven y un saco oscuro , colgado sin su dueño. Números escritos como letras en la pared, post mark señalan la dirección.
A la izquierda la Fontana de Trevi, espejo aguamarina Ostra de un blanco casi metafísico invita a pedir los tres deseos, uno de ellos volver a verla ahí y en Roma
Ventana Romana (óleo en ocre) abre o entorna sus postigos , tal vez desde Piazza Spagna, donde alguna vez el poeta Kyats vivió , con Shelley ese romántico que dicen se suicidó en aguas de un río. Ventana quizás de Villa Borghese o atisbando desde el Trastivere para entrar en uno de sus cuadros más sugestivos “Tristana busca la perfección “ Aquí la ventana está abierta y vemos la escena desde adentro, inundada de luz, sobre la cabellera de la joven Casi con paso de baile, leve, con un pincel fino, dibuja en el aire un círculo en la pared, toca una música de notas en danza. Gesto suspendido por la luz del pincel.
“Torrente en Nueva York” Desde la otra pared, un chorro de vapor nos inunda desde la ciudad de Nueva York. Ciudad Máquina, maquina inverosímiles caminos del arte, sus planos, en la vigorosa pintura deMaccio. Expulsados por esa fuerza, como quién rompe un muro
“Noche de San Patricio” Tres enigmáticos irlandeses, con sombreros y corbatas verde incandescente, rostros pintados con íntima ironía. Bajo la luz de la mesa de un bar y de alguna partida rociada de cerveza Guiness Extraños no por un obra del teatro del absurdo de Becket, sino de una historia del Kilkeny ( expuesta, para ser leída al lado del cuadro) publicada por un irlandés Jorge Mackey, donde el autor ya no sabe, en esa madrugada y noche de San Patricio: Si el inventó esos personajes, si se escaparon al cuadro o si del cuadro se fugaron a su cuento. Juego del azar y enroque, entre dobles, arte y literatura
Afiche del Hotel de Villle de París (1990) mujeres andróginas y acuáticas, desde el spleen se pierden bajo la bruma de la ciudad inalcanzable.
A la intemperie por fuera de los márgenes , Barco Petrificado en Pehuanco óleo encallado en un mar agreste, entrelaza aguas de naturaleza muerta .Sinfonía en gris: Árbol quemado, aún en píe, arrogante, se yergue , con la belleza que ardió bajo el fuego.
Obra sin título: Autorretrato, de un artista, frente a un lienzo-ventana, tal vez desnudo frente a su obra, pinta, con un pincel tan fino, como el de Tristana , en busca de la perfección, de eso que estalla o dialoga. “El crimen de Narciso” irrumpe la carcajada bajo un cielo rojo un Narciso, erecto, contrasta con la belleza de lo trágico. Ríe sobre su propia imagen, ni se ahoga en ella: la estrangula.
Si toda obra refleja a su autor ¿ destruir su imagen sería su liberación? Si todos somos Narciso en el inicio, sino nos podemos liberar del la captura de su imagen, corremos el riesgo de morir en sus aguas. El triunfo de la risa es ahogar esa imagen que nos miente. No enamorarse de la propia imagen, ni de la obra como Pigmalion suerte de metamorfosis que sufre el artista con su obra. Esa tal vez sea la salvación del artista. Si toda obra es autobiográfica, cada cuadro sería un fragmento de la vida del pintor
Familia Italiana (óleo) frente a la balaustrada de un barco, no sabemos si es partida o es llegada, un padre recostado, junto a una madre erguida con un bebé y un niño: miran. No sabemos qué horizonte qué mar. Miran: tal vez nos miran
En otra perspectiva, un cuadro de formato pequeño, casi escondido atrás de su propia obra aparece el artista, en una fotografía al lado del bárbaro simiesco descendiente de Sileno, una de las seis esculturas parlantes de Roma. Humor y desafío de este Sileno yaciente ante la muerte y la propia ….(texto que deja leer. tenebrosas frases en italiano sottovoce (sono caduti, Molti mueri, e Molti tirano…) parece escuchar sus provocaciones .más las propias contra la autoridad y sus poderes en la Fontana del Babuino
Babuino en Roma , como un mural, desafía con su irreverencia con la belleza de lo bajo: Bajorelieve en un frontispicio , se burla y parece dialogar con el silencio del austero paisaje de Castilla.
Babuino que como el autor se burla de todo canon, de toda cronología, de todo paratexto, de toda tiranía de la crítica del arte y sus casillas, propone el encuentro desnudo sobre la arena de la obra.
Sin título, Ola sin nombre, crece como un Tsunami y parece abrir su boca como la declaración de su estética
“El arte es un vómito del alma”
Trejo ese otro demiurgo de la poesía, dice “escribo al dictado, no hay tiempo “ atravesó la noche en un bar leyendo poemas con alguien que con un pincel fino intentaba cincelarlos. Hago mía su frase: la palabra tiene un precio. No sé que precio tienen las obras de Maccio ( labor de marchand ) sí de su valor como un escrito, ofrenda y como todo arte: botella al mar. Poesía es esa palabra que bucea en el silencio y en su canto, se aventura a lo desconocido.
Otras hay que en una sala de museo se exponen,para atravesarla de lado a lado y hacerles recuperar su prestigio, su valor perdido, como objeto de belleza, como imagen o denuncia, caso León Ferrari. Otros por ellas, pagan un precio alto hasta el exilio. Otras valen por su resonancia, se propagan hasta lo impensado, en tiempos más libres. Eso pasó con las que llegaron como flechazo del arte hasta un festival de poesía en la ciudad, donde una poeta increpó a un crítico por sus antologías generacionales. A partir de Maccio y su Babuino, se abolieron las cronologías por lo tanto ahora todos podemos ser por toda la eternidad: contemporáneos como la Gioconda Maccio no necesita curadores, partero de sus imágenes y chamán de sus pasiones: su pintura es su exorcismo. La obra habla por sí sola y tal vez cure, de la mediocridad o del tedio a los que se atrevan a recorrerla.
Se encienden las luces del puerto, grúas de sombra en la ciudad oculta, traduzco extraños garabatos, pinceladas de un dragón, imágenes inéditas en lengua de poeta.

Notas:
* Estudió más de cien casos y lo describió como síndrome en 1989. Con el nombre de Síndrome Stendhal, en una clara alusión a las experiencias narradas por Stendhal, en su libro Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio. Definido como “la reacción romántica ante la acumulación de belleza y la exhuberancia del goce artístico.” (Magherini, 1990)
* Directora del Departamento de Salud Mental del Hospital de Santa María Nuova
* Hace alusión a un sentimiento de malestar, similar a lo que describía Freud en su artículo Lo siniestro (1919) .