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Lecturas

PREGUNTAS
Juan Torrisi

¨Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¨Nunca se ha de decir lo que se siente?
Quevedo
(epístola satírica y censoria contra las costumbres)

Tal vez, la fortuna que ganó entre nosotros la noción de dirección de la cura sea en buena parte inmerecida. Dirigir al analizante es nuestra labor. Esta es la idea que se desprende de los principios que gobiernan nuestra praxis?. Voy a hacer un somero exámen del escrito lacaniano que lleva dicho título.
Como paso previo pongo por respaldo algunas categorías que guardan, me parece, una estrecha vinculación con esta noción. No están ausentes de ese texto. Una es la experiencia liberadora que constituye el psicoanálisis.
Existe la tendencia a considerar lo producido por Lacan, pasado un tiempo sin haberlo reiterado, como avances que él mismo desecha. Podemos confiar plenamente en este parecer?. No debemos cuidar de establecer el nivel en que abren paso a la experiencia?
Prefiero, provisoriamente, contar con ellos, tal vez respondo a un principio económico, me refiero a no desperdiciar nada que provenga de su investigación. No hace eso Lacan, por ejemplo, cuando casi al final de su vida nos recomienda proseguir la interrogación de la represión originaria freudiana?. La avanzada edad de los conceptos no parecen seguir un camino análogo al biológico. Es cierto que hay veces que él mismo se rectifica. Aún así, se trata casi siempre de términos que condujeron a malentendidos.
No es muy nuevo en el mundo el saber del sujeto para que haya envejecido?. No será harto más probable que nos conduzcan a entenderlo mal viejos prejuicios?.
Por lo demás, se puede llegar, con facilidad, a la conclusión que los principios de los que parte son inexorablemente vueltos a controlar con el fin de articularlos más ajustadamente. Pareciera no dejarlos nunca librados a su suerte. Esto lo llama dar cuenta de todo lo que dice. (1)
El término libertad, de más está decirlo, está en el centro de un sinnúmero de prejuicios, me atuve cuanto pude al discurso del autor.
Tuve en cuenta que, para saber su significación, lo mismo si se trata de una noción, que el método correcto es hacer la suma de sus empleos, y confeccionar su catálogo. (2)
Lacan hace de continuo en su obra configuraciones nocionales. Antes de elevar "agalma" a tal condición despliega una descomunal indagación de su uso entre los griegos.
Tan decisiva parece ser su influencia en la experiencia, que se expresa, al respecto, de esta manera: "en nuestra formación de analistas, puede tener mucha incidencia la elaboración nocional, y muy directa, sobre la manera con la que pensaremos, o nos guardaremos de pensar, lo que debe ser la experiencia de cada día" (3)
La definición que adopta del término libertad es "libertad quiere decir escoger entre múltiples posibilidades" (4) Parece ceñirse a esto en su uso positivo.
En gran parte de "Dirección" se aboca a la crítica de la literatura analítica que figura en extensa lista al final. Lacan denomina a su conjunto direcciones y entresaca los nombres que sus propios autores aplican a su acción, los enumero: adaptar, conducir, corregir, tomar distancias, rectificar, hacer madurar, sanar desde dentro, guiar, dirigir, reeducar emocionalmente, orientar. Otros intentan destacar el lazo que suponen une la teoría freudiana con el campo de la ciencia, vale decir, la biología. Entonces consideran haber obrado el progreso desde lo pregenital hasta lo genital. O sea operarían en una dimensión que atravesaría etapas naturales hacia la normalidad, ruta en la que se habrían extraviado los individuos.
También están quienes dicen haberse topado con una esfera libre de conflictos, id est, un ego autónomo, sobre el cual los analistas apoyaríamos arquimedianamente nuestra palanca del tratamiento.
Qué son esa gente?. No parecen negados mentales o desquiciados? Y los analistas, cómo tenemos a nuestra disposición tanta normalidad?. Cómo apartamos la luz de las tinieblas?. Cómo distinguimos el bien del mal?. Somos acaso dioses?.
Simplemente al echar un vistazo a las denominaciones de las maniobras que afirman practicar, no hay ni rastros de libertad y mucho de autoritario. La simple formulación de ser dirigido hacia una independencia, no es inherente a un avasallamiento?. Dónde queda sitio para elegir libremente?.
Las siguientes citas parecen apelar a nuestra casi constitutiva insuficiencia:
"El análisis es un aprendizaje de la libertad, esta perspectiva no se pone nunca en evidencia" (5) La estructura significante de la frase deja sin dirimir si se olvida mencionarla cuando se publica una observación, o bien, no se la toma en cuenta en el transcurso de los análisis. Esta última parece ser la verdadera, aunque, claro está , incluye la primera opción.
Si es cierto que casi no contamos con ningún saber espontáneo o preparación anterior suficiente, cómo es que desempeñamos nuestra tarea?. Parece ser nuestra formación la que debe proveernos los medios cómo formarnos?
Otra cita
"El sujeto pasa ante ese vidrio en el que siempre ve, mezclada, su propia imágen; cesa toda interposición entre el sujeto y el mundo; palmariamente hay pasaje a una suerte de a-lógica, comienza el problema, no estamos a la altura; el logos no pierde sus derechos, pues allí comienza la significación liberadora y la significación esencial" (6)
En estos fragmentos "no se pone nunca en evidencia" y "no estamos a la altura", se manifiesta asimismo, cierta incapacidad en nuestro discernimiento.
Para nuestra tan cacareada condición de discípulos de Lacan lo cierto es que no le llevamos mucho el apunte.
Hojeo breve y superficialmente la historia que escribió, en lo referente a las motivos que condujeron a lo que denominó nuestra palmaria desviación.

Mientras visitaba la escuela belga, corría el año 1972, fue interrogado sobre la agresividad y evocó entonces las circunstancias que rodearon la publicación de este trabajo. El descuidado tema de la agresividad, pasó a estar en el orden del día. Lacan hizo suya la preocupación y escribió sobre su papel en el psicoanálisis, en especial cuando se la encarna en la resistencia y el odio. Traduzco un párrafo.

"Estoy poco inclinado a pensar que para ser analista sea preciso haber nacido con un don; es todo lo contrario de la función analítica, eso no cae del cielo.
Me hicieron una pregunta por la agresividad; uds saben, las cosas tienen fecha, cuando las cosas siguieron su andar, después de la guerra, se tenía una consigna dada en la formación; decía que el análisis no había analizado bastante la agresividad, eso era opinión dominante en el psicoanálisis. De veras, al menos en Francia, se había pasado por alto la agresividad. Hice mi esfuerzo en ese momento, y hay muchas cosas, incluido la direcci¢n de la cura y los principios de su poder, que llevan las trazas. Lo que busco denunciar en ese artículo es la contaminación que de ello resulta. Está vinculada a hechos del lenguaje, el término resistencia fue sobre el que recayeron mis primeros seminarios; la noción de resistencia debe ser puesta en el área de sus divisiones categoriales simbólico e imaginario." (7)
Vale la pena leerla toda esta respuesta, si me permiten lo recomiendo. El hecho del lenguaje, al que alude, está en la línea de lo que Lacan bautizó nuestros abusos del lenguaje (8). El viejo Borges decía en su poema de los dones que el lenguaje puede simular la sabiduría.
La magia del lenguaje estaba creando un sinnúmero de equivalencias.
Efectivamente la segunda guerra mundial había dejado una gran inquietud. Crece en el movimiento psicoanalítico el interés por ahondar en el conocimiento de la agresividad. Esta copa la primera plana junto a términos como, destrucción y odio. Es palpable que han sido trasladados con prisa y sin crítica desde su condición de conductas que se vuelven visibles en el desarrollo de las guerras a una suerte de substancia humana generalizada y acechante.
Por cierto hay una apreciación que tiene carácter de microscopía para justificar lo que impide detectar a simple vista su presencia en etapas relativamente tranquilas de las sociedades. No es su extensión al género humano entero lo más objetable. Antes bien lo es, que nadie parece preocuparse por dilucidar cuales pueden ser las fuerzas que operan para provocar tan desmesurado y repentino crecimiento.
Sea como sea, se tiene la convicci¢n que las noxas están allí, y el psicoanálisis puede ser un arma para combatirlas. O mejor dicho, hacer que se reconozcan tales tendencias, o hasta instintos. Esta toma de consciencia sería remedio suficiente.
Para nosotros todo aquello que participa de la agresividad, destructividad y pulsión de muerte, se substancializa en el análisis en la resistencia del analizante. Es allí en esta materialización, que descubrimos al torrente de cosas que llevan el mismo nombre y que la guerra había derramado por la tierra.
Sólo se trata de escenarios en apariencia distantes, pero en esencia idénticos. No son todos seres humanos?. Porqué‚ habrían de ser diferentes los psicoanalizantes?. En definitiva, qué quiere decir neurosis?
La figura se completa con la adopción de un detestable maniqueísmo, con razones que nos parecen inapelables. Si nosotros queremos curar, podemos ser otra cosa que los objetos buenos?. Aquellos que con su odio y destructividad nos impiden hacerlo, pueden ser algo distinto a un objeto malo?
Para cometer tal desatino ellos quitan a nuestra intervención interpretativa toda eficacia, se la desestima, se la vapulea, por fin, se la destruye.
Si, para alguien desprevenido, puede parecer que exagero la nota, puede remitirse al aporte de Abraham citado en Lacan del que transcribo unas líneas:
"El obsesivo nos es representado como siempre presto a precipitarse en una destrucción del mundo, puesto que el autor, Abraham, también se expresa en la perspectiva de la relaci¢n del sujeto con su entorno." (9)
Hago un paréntesis. Hace poco, en una exposición sobre psicoanálisis tuve la oportunidad de oir un disertante, atildado, adusto y grave, como cabe a un sabio. Comunicó, sin pestanear, haber arribado a la conclusión que, no más de quince hojas (tal vez quince renglones fuera más exacto) eran rescatables de toda la obra de Lacan, al menos en lo referente a su teoría de la interpretación. Nosotros, en este caso un público de psicoanalistas, lo escuchamos como si nuestra capacidad de asombro hubiese sido reducida a cero.
Cuando Lacan cosecha en los jardines de Freud, allí, todo es flor. No voy a preguntar sobre lo que condiciona la diferencia, pero sí sobre lo que condiciona nuestra impermeabilidad. Echo un piadoso manto de olvido sobre estos "notables" hallazgos.
La interpretación por su parte no le trajo menos esfuerzos. Se podría decir que Lacan trató infructuosamente, en gran parte de su obra, de convencernos de ser más sigilosos. No se demoró en advertirnos que la suya era una técnica renovada de la interpretación, lo hizo en Función y campo de la palabra, (punto III p 294 fr). Junto a libertad, la interpretación y la transferencia, ocupan un espacio destacado en "Dirección". No tenemos que olvidar que la manera de concebirlas cimientan toda nuestra desviación. Sobre la interpretación trabajo con la colaboración de un colega desde hace tiempo. Por tanto, lo voy a dejar a un lado.
Vayamos al texto, se guarda la mayor seriedad en cuanto al respeto del ser del sujeto.
Es inútil buscar cual es la dirección de la cura que ahí se auspicia que ejerzamos, por la simple razón que ninguna es siquiera pasable, por ende ninguna debe estar a nuestro arbitrio.
El psicoanalista, se puede leer, se refiere a nosotros, dirigen la cura. Eso no quiere decir que su discurso lo avale. Si preguntáramos cómo la dirigimos, sobreabundan allí las maneras, hay para todos los gustos. Se trata de saber como evadir la tentación.
Cuales son los principios de su poder? Lacónicamente Lacan responde "los efectos de la demanda, los únicos concebidos actualmente en el principio del poder de la cura" (10)
En cambio "si no se ha puesto ningún obstáculo al sinceramiento, (en francés "aveu") del deseo, el sujeto es dirigido y hasta canalizado hacia ‚l" (10)
En el seminario del acto vuelve sobre este texto, esta vez fija su atención en la transferencia. La manera confusa con que se enfoca comúnmente la transferencia en el medio psicoanalítico, llama la atención a un joven psiquiatra, cuyas preguntas Lacan transcribe y, de paso, las hace propias. No es muy sutil el enriedo que hace Abraham, el autor criticado, entre este concepto y regresión, quiero decir, se lo trae a contra pelo, pues es preciso, para los fines dirigistas que nos proponemos los analistas, echar mano de un camino universal, instintivo por el cual la agresividad etc, etc, salga a la luz del día, desde su pasado infantil. (11)
Abraham cuenta con esta veta, ello se transfiere a la transferencia, es el atajo que toman los componentes de la resistencia. Los postulados invocados son capciosos. No cuesta mucho a Lacan dirimir como es que se vuelve indispensable, una mente adulta que prevenga la posibilidad de desastres, y a la vez, consiga vencer las resistencias al hacer admitir al paciente su inclinaci¢n a provocarlos. (11)
Pero, por loables que fueran las intenciones de post guerra, caímos en analogías que ponen en guardia a Lacan. En gran parte de su obra monta un operativo de salvataje para distinguir la cruda realidad de los tiempos de guerra por una parte y las palabras de los neuróticos en el diván. En especial los obsesivos corren el albur de convertirse en chivos emisarios. En numerosos análisis de sus comportamientos, Lacan despliega sus apólogos que destacan cuan inofensivas son sus tretas. Hacia el final del seminario de las Formaciones del inconsciente, el número 5, desembozadamente, rebate las diabólicas pinturas llenas de temores supersticiosos. (12)
Su m‚todo, que alguna vez denominó de implacable lectura significante, le permite establecer distinciones más finas. Sus resultados no fueron halagüeños. Se trata de saber que guía nuestra ceguera.

Hay posiblemente otro factor para nuestro consuetudinario malentendido. Por cierto no hay loas en su enseñanza, para nosotros los analistas pero tampoco diatribas, nada parecido a ­qué están haciendo pedazo de brutos! Otra vez se vuelve factible que se piense que cargo las tintas, y para peor en tono arrabalero. No obstante los remito a la clase del Revés del 15-4-70 y verán si no estamos próximos a ubicarnos entre los que no se depuran del amor, odio e ignorancia, o sea ignoran ferozmente como Yahvé. (13)
El estricto respeto por nuestro ser, antes mencionada, nos hace nadar entre dos aguas. Sin embargo es posible que no se deba a una amabilidad especial. Antes bien es su modo de no participar en manera alguna de una posición de Dios.
Quiero incursionar, aun cuando más no sea por una mínima alusión a un aspecto capital de nuestra formación que es ilustrada por la cuidadosa abstinencia de Lacan recién mencionada.
La omnipotencia y la omnisciencia divinas son un escollo considerable, definitivo, para nuestra formación, en este caso difícil ascesis no soslayable. Voy a citar dos párrafos que muestran, junto a un sinfin de sus investigaciones, la crucial importancia que adquiere el tema para el psicoanalista.
En el seminario del Deseo y su interpretación, desgrana esta lapidaria fórmula, que nos pone ante una disyuntiva de hierro, no hay alternativa, si nos arriesgamos a dejar que viva el Ser supremo en nosotros no habrá deseo del neurótico, puesto que, si lo articulamos al final de Dirección, no dejaremos al analizante ninguna vía de acceso a su particular dirección "por estar el deseo del neurótico a merced de la garantía mítica de la buene fe del significante, a lo que es preciso que el sujeto se adscriba para no vivir en el vértigo, nos es permitido desembocar en la f¢rmula del deseo del neurótico, la articulo: el deseo del neurótico es lo que nace cuando no hay Dios" (14)

Lo que hace a esta responsabilidad aun mayor es que depende exclusivamente de nosotros pues se plantea en función de un avatar del hombre de nuestro tiempo que no está en poder de nadie modificar. Traduzco: "Lo que hace que el analista de hoy tome el lugar de Dios, este reflejo de toda potencia (que acoge con un rodeo pedantesco, por recusar la toda potencia en el principio del pensamiento de su paciente) es preciso que le venga de alguna parte" y añade seguidamente "le viene de que al hombre de nuestro tiempo le es menester, para vivir con su alma, de la respuesta del catecismo que le ha dado consistencia" (15) Estos dos parágrafos por sí solos merecerían todo un despliegue de consideraciones que no puedo hacer hoy.
De cualquier manera el papel que desempeñan los dioses en el desencadenamiento de las guerras y sus colosales magnitudes es casi imposible de desconocer. Los hombres de todos los tiempos vivieron con la patética esperanza que ella podría no repetirse. Algo así como una piedad de los dioses por fin despertada. Milagro sería.


JUAN TORRISI 15-12-02


BIBLIOGRAFÍA

(1) SAV 1-6-72
No soy un librepensador, en mi caso estoy forzado a sostener lo que digo

(2) TEC 16-6-54

(3) PSY 16-11-55

(4) MOI 8-12-54
libertad quiere decir escoger entre múltiples posibilidades; esta perspectiva no se pone nunca en evidencia

(5) MOI 19-1-55
si empleo la noción de manera metafórica digo que el análisis es un aprendizaje de la libertad

(6) MOI 23-3-55
el sujeto pasa ante ese vidrio en el que siempre ve, mezclada, su propia imágen; cesa toda interposición entre el sujeto y el mundo; palmariamente hay pasaje a una suerte de a-lógica, comienza el problema, no estamos a la altura; el logos no pierde sus derechos, pues allí comienza la significación liberadora y la significación esencial

(7) L'‚COLE BELGE 14-10-72

(8) FOR 13-11-57
les hago aprender a proceder de manera articulada para que no cometan abusos del lenguaje

(9) FOR 14-5-58

(10) Direction

(11) ACT 22-11-67

(12) REL 28-11-56, FOR 14-5-58, FOR 18-6-58

(13) ENV 15-4-70

(14) DES 24-6-59

(15) GID 58



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