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Testimonios

SER ... O NO TENER ...? 

 

Será la cuestión?                                              

No deja de tener relevancia que al final de su obra Freud siga sosteniendo a la feminidad como el gran enigma.

El resto que queda ... a Freud ... El resto que queda al final de un análisis, la “roca de base”, se manifiesta en las mujeres como la envidia del pene. Envidia que realza lo insoportable de la castración, rechazando que el hombre, aún teniendo pene, también está castrado.

El varón, por su parte, se defiende de la actitud pasiva hacia otro hombre, sólo hacia otro hombre. “La protesta masculina”, presentifica la angustia de castración.

Complejo de castración que vela la castración estructural. Evitando el encuentro con la castración del Otro materno.

Dice Freud, en “Análisis terminable e interminable”: “Lo que en ambos casos cae bajo la represión es lo propio del sexo contrario”.

La asunción del sexo por parte del sujeto, operación que se realiza respecto del falo, no requiere solamente la asunción o rechazo del propio sexo, sino también que el varón descubra que hay mujeres y que las mujeres soporten que haya hombres. Esto es, confrontarse con la posibilidad de otra relación al falo, a la castración, otra posición en el deseo, en el amor, otro modo de satisfacción.

También en relación a la cultura, la mujer es enjuiciada tanto positiva como negativamente.

En primer lugar, la mujer es pensada como favorecedora de la cultura, permitiéndole al hombre tomarla, con el afán de no separarse de sus hijos.

El hombre, para su satisfacción sexual retendría a la mujer a su lado. La mujer sólo quiere retener a sus hijos, tomará al hombre por añadidura. Y bajo estos avatares ... perdurará la familia.

Pero ...  “...las mujeres, las mismas, que por los reclamos de su amor habían establecido inicialmente el fundamento de la cultura, pronto entran en oposición con ella y despliegan su influjo y retardo”. (“Malestar en la cultura”).

Los varones deben dedicarse a las actividades sociales, deben salir a sublimar. Tienen labores culturales que cumplir.

Y la mujer..., que quiere una mujer?

La amenaza de la pérdida de amor marca la vida femenina. El estilo amoroso en la mujer es erotomaníaco.

Quiere que la amen? Que le hablen de amor?...se empieza a complicar..., no hay encuentro entre los sexos, hay malestar en la cultura.

Inclusive el amor por una mujer, cae fuera de serie de la masa, pudiéndola disolver.

La mujer queda por fuera... de la masa.... opositora a la cultura... nuevamente la mujer como lo ajeno.

Con que se identifica la mujer?

La mujer puede realizar la identificación: cuerpo-falo, para ser deseada, y suplir la castración mediante la identificación: falo-niño.

En la primera identificación podemos ubicar la línea de la feminidad, en la segunda, la de la maternidad. Feminidad y maternidad no circulan por los mismos caminos.

Se puede acceder a la maternidad, siendo una mujer que detenta el falo. La maternidad es uno de los nombres de la castración del lado femenino.

Se puede, del lado del TENER, agregar artificialmente lo que le falta, al modo de un postizo, ostentando no faltarle nada.

Se puede SER, ella misma el falo. Ser aquello que le falta a los hombres. Encarnar la falta misma. Ser el agujero, fabricarse un ser con la nada.

En la medida que el falo causa el deseo, ella puede transformarse al mismo tiempo en causa de su propio deseo.

Como sostiene Freud en: “Introducción al Narcisismo”, en relación a la elección de objeto en algunas mujeres en donde: “ Su necesidad no se sacia amando, sino siendo amadas, y se prendan del hombre que les colme esa necesidad”.

Podemos pensar que la mujer se tienta tentando.

Una mujer es capaz de todo sacrificio, sacrificio de todo tener.

Tenemos un ejemplo trágico en Medea de Eurípides.

Medea es de aquellas heroínas que pasan el límite, que exploran zonas desconocidas.

Había sacrificado todo por su marido Jasón, inclusive vivían en el exilio.

Un buen día, su agradecido marido, le confía su deseo de casarse con otra mujer.

El ofrece retribuirla con toda clase de dones, pero ella los rechaza contundentemente, ya que el tener, no tiene ningún valor, si le falta ese hombre.

Su venganza será matar lo que él tenga de mas preciado, sus hijos, sus propios hijos.

Podemos ver como Medea pasa los límites, llega al extravío.

En Medea, lo que es mujer supera a lo que es madre.

Es un ejemplo, extremo y trágico, de lo que es mujer, más allá de lo que es madre.

Una realización como mujer en el no tener.

Si la mujer puede llegar al extravío, difícilmente pueda hacerlo el hombre. El hombre está condenado a la cautela.

No se  despoja, el cuidado de sus “pertenencias”  le resta libertad de acción.

Muchos hombres, se presentan como desvalidos, cuidando su pequeño tener, no arriesgando, prefiriendo el desprecio de la mujer antes de avanzar y poder causar su deseo. Eligiendo ir a la guerra, para huir de las mujeres, del agujero.

Y son las mujeres, como Lisístrata de Aristófanes , quien junto al resto de las mujeres atenienses, con las polleras bien puestas, y haciendo “huelga de sexo” logran el fin de la guerra, trayendo nuevamente a sus hombres a sus hogares.

Podemos ver en esta comedia, el aspecto destructivo que posee la libido homosexual colectiva y no tan sólo su aspecto civilizador.

Para Aristófanes, la mujer, encarnaría el fundamento de la cultura.

Volviendo al hombre, y a su intento de huida, se vislumbra el enorme costo que para él puede tener, el TENER. El hombre puede embarazarse de tener.

Incluso, podría llegar a la impotencia, en pos de proteger su preciado tener.

La masturbación también puede ser un modo de reservarse una satisfacción sólo para si mismo. Contabilizando: un goce para ella, uno para si mismo.

Ya Tiresias es castigado por Hera, por haber confesado que la mujer, encuentra en el amor un placer diez veces más grande que el hombre.

Furiosa Hera con Tiresias, por haber revelado el secreto de su sexo, luego de haberse metamorfoseado en mujer durante siete años, lo castiga con la ceguera.

Mismo castigo que luego se autoinfligirá Edipo, al enterarse que Yocasta, su esposa, es su madre, y Layo, a quien había dado muerte, su padre.

Pareciera que la ceguera es el castigo deparado a los hombres que se van de la medida, que pasan el límite.

Podemos poner el acento en lo disímil del goce femenino. En aquella satisfacción que no parece regulada por el falo. No es que la mujer esté por fuera de la medida fálica, es “no toda” en lo que respecta al goce fálico, este otro goce se produce en suplemento.

Suplemento con el que Freud lidió durante toda su obra, y hombres y mujeres lidian durante todas sus vidas.

Tanto hombres como mujeres desestiman la feminidad.

En tanto que lo femenino representa lo radicalmente ajeno, una alteridad, hetero, no semejante, ni siquiera a ella misma, excediendo lo regulado por el significado fálico.

Osvaldo Delgado, en “La subversión freudiana y sus consecuencias” da cuenta de los distintos niveles en que el varón trata a lo enigmático como hostil., referencia al texto: “El tabú de la virginidad”.

La respuesta histérica al deseo del hombre; la posición obsesiva nombrando como hostil a lo ajeno; la barradura del partenaire, por parte de la mujer, como condición misma del amor; el resto indócil que da cuenta de la parcialidad de la pulsión.

 Lo hostíl que se le vuelve al hombre el enigma femenino, por socavar la creencia en la universalidad de la completud, lo desconcertante del goce femenino, sumado a los avatares que pudimos rastrear y a tantos otros que quedaron por fuera, hacen del encuentro amoroso entre los sexos un  ¿“imposible”?.

Sabemos que al sujeto no le escasea partenaire, lo tiene asegurado en su síntoma, llegando a decir Freud que el síntoma es la práctica sexual de los neuróticos.

Sin embargo, nos dice Miller, queda una esperanza, que es la castración misma, en donde parte de ese goce autista se pierda y se encuentre como objeto perdido en el Otro. Es la cara positiva de la castración, en donde el falo restituye al partenaire, pudiendo éste encarnar al síntoma del sujeto. En este sentido el partenaire funciona como el envoltorio formal del  núcleo de goce que es el síntoma

Qué resta para el encuentro-desencuentro amoroso en la contemporaneidad?

Otros tiempos supieron recubrir muy bien el desencuentro entre los sexos, la castración.

El Complejo de Edipo mismo, encubre, como trama imaginaria, trama que comienza a mostrar la hilacha, que la excitación sexual no está causada por este complejo sino que es un placer de órgano, que resulta de “espiar con las orejas” la escena primaria.

 El amor cortes, es el discurso más logrado sobre el amor, evitando el encuentro, les ahorra a los amantes enfrentarse con la castración.

El discurso contemporáneo arroja al sujeto a vivir “desvelado”. Pareciera ofertar la relación directamente con el objeto, en promoción: dos al precio de uno, sin la necesidad de un partenaire, sin lazo, sin un cuerpo otro.

El desencuentro está mas descarnado, el objeto tecnológico ilusiona con el control remoto...

No se mantiene la imposibilidad, generando la expectativa que hay recuperación, rompiendo con la lógica fálica.

La exigencia es la de un goce sin límites, siendo la pobreza del deseo, la respuesta.

El discurso capitalista no llega a cubrir, a velar, que la satisfacción es solitaria, que el inconsciente es célibe.

Siendo los velos necesarios, ya que hay cosas a las que no se las puede mirar de frente, angustian.

Cayeron los mitos sobre el amor? Cayó el amor?

Si bien parecen haber emprendido la retirada los paradigmas del ideal del amor, ahuyentados por el mercado... los amores existen!

El amor sigue clamando por sus derechos, y siendo el amor un tratamiento a la castración, podría permitírsele su alegato.

Si ya no hay mitos sobre el amor, es posible crearlos, caso por caso, porque siguen en pie las contingencias de “los encuentros”, que permiten que alguien, cualquiera, se transforme en único.

 LIC. PAULA BLEZOWSKI

 

  

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