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Testimonios

Tango 

 Un lugar nos convoca. Acudimos a su encuentro, sabemos que nos quiere decir algo: no sabemos que!

Unos ojos de un mirar extraño promueven una proximidad. Las palabras son reemplazadas por gestos y desde entonces todas las cosas que responden a la interpelación de la mirada, pierden su densidad. Comienza el baile del tango. Existencia visual, existencia gestual, manifestación del cuerpo. El movimiento corporal es un lazo psíquico que envuelve a la pareja y la une al mundo de la milonga. El lenguaje musical discurre entre dos. El movimiento corporal es una construcción que configura un sentido estético a partir de los datos de la música. Desde ahí se aprehende al otro, se resignifican sus movimientos, éstos preceden a la palabra, a toda palabra posible. Se baila en silencio. Hay una pre-comprensión del ámbito “milonguero” organizado a partir de movimientos expresivos. Con la nota final de la música, las palabras buscarán encontrar luego, una razón, una lógica del acontecimiento. El razonamiento estará orientado a elaborar lo azaroso de este encuentro en que todos participan por igual, son activos y pasivos a la vez, donde se puede dialogar sin la necesidad de romper el silencio inicial.

El partenaire comprende sin necesidad de explicación, esta conjunción de lo universal con lo singular donde desaparecen los límites de lo propio y de lo ajeno. La música a distancia tiene una significación comprendida por ambos más allá de la lengua, del idioma; y esa comprensión es posible porque estaba ya disponible de una manera muda en ambos. Esto es lo que permite fundar ese orden expresivo que deviene figura estética; figuras que resisten atravesamientos culturales e idiomáticos sin diluirse ni permanecer fijos, tomando distintas formas que se pliegan sobre sí mismas. El bailarín es creado por la figura que despliega, porque en toda “figura” hay un plus que surge más allá de lo que cada uno puede dar. El baile produce un borramiento entre lo interior y exterior. Allí, ambos son uno mismo, hay presencia del uno en el otro.

Eso asombra, atrapa! Mientras dura la música cada uno se libera de si mismo. La vida es atrapada en un instante en una superficie topológica de contacto con lo real. Recorrido del deseo que pretende cubrir en un instante una falla ontológica. Goce y felicidad en el cual cada uno reconoce un cuerpo hábil y competente para dominar un espacio sin finalidad alguna, por puro placer. Ahí espacio y movimiento recobran su verdad. Un tango la promueve: eso atrapa!


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