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El ser veterano

Graciela Ana Pérez

 

La guerra se funda en certidumbres, creencias, certezas por las cuales se lucha: una ideología, un territorio, una causa. Basada en la exclusión de lo diferente, borra lo diverso y hace surgir lo igual, vigorizando el vínculo con el semejante. Como decía Freud, al igual que la masa, la guerra se sostiene en los lazos homosexuales de sus soldados, quedando excluido lo femenino. Lo ajeno, lo heterogéneo, lo extranjero queda por fuera, y se acepta lo propio, lo homogéneo, lo familiar.

            “Malvinas nos pertenece. Es mi vida, me aferré, me tiene atrapado... Malvinas no sólo fue una amistad, sino también un hermano. Malvinas potenció todo, las cosas de la amistad se potenciaron. Cómo prendieron en mi esas cosas: la solidaridad, el significado de la amistad, todo tiene a partir de allí más sentido.”

            En tiempos de guerra se potencian los lazos de camaradería, los cuales propician y optimizan un mayor rendimiento en el campo de batalla. La buena relación de camaradería ampara de la exposición al trauma. La amistad crece cuanto más autoritaria es la estructura, los lazos horizontales se fortalecen ante la rigidez verticalista. Se libidiniza y fraterniza el vínculo con el compañero de trinchera, erigiéndose una barrera defensiva ante el ataque enemigo. Vínculos que se forjan y entrelazan en tiempos de guerra y se perpetúan aún en la posguerra, institucionalizándose así en la creación de centros de Veteranos. “... A mi me marcó Malvinas, por donde estoy, por algo estoy en un Centro de Veteranos...”

            “Ser veterano es tener una identidad... A veces los veteranos de guerra no tienen nombre propio, siguen siendo la misma masa que en el servicio militar. Perdieron la personalidad, se despersonalizaron.”

            El sujeto nace en el campo del Otro, esta alineación a los significantes del Otro le va a permitir la adaptación social. A lo largo de su constitución subjetiva se van forjando identificaciones que lo representan, dadoras de significación para el sujeto, y que posibilitan su existencia social. El sujeto está representado por un significante del Otro “veterano de guerra”, “excombatiente”, que en tanto significante amo funda un conjunto social que los significa como tal “los veteranos de guerra de Malvinas”. El significante amo es un mediador entre el sujeto y el discurso, media la relación de un sujeto individual con un conjunto social. Es un representante que viene de afuera, pero a la vez, es lo más íntimo del sujeto: “lo más íntimo del sujeto, está fuera de él”, en una condición de extimidad, de trascendencia inmanente.

La identificación al significante amo marca como rasgo común al sujeto. El significante veterano de guerra es lo que tienen en común entre sí, es lo que los hace iguales, y paradójicamente los constituye de manera diferente a cada uno. Se hace comunidad con aquello que los constituye de un modo disimétrico a cada uno.

“Soy veterano” es el enunciado con el cual se presentan. “Yo soy...” es un empuje superyoico hacia un estilo de vida, que porta un modo de goce determinado. Sujetos expuestos en su singularidad, soportando lo Universal. Identificados a un ideal, se arropan con nominaciones, insignias, emblemas, vestimentas  tomados del Otro social, que al modo de objetos fetiches visten la propia imagen uniformando al ser veterano de guerra.

            “Yo usé siempre el uniforme en los actos, era una identidad para decir acá estoy... Yo también, para decir: acá hubo una guerra. Nosotros somos los que vinimos. Buscaba reconocimiento.... Sepan que estuve.”

            El significante amo como imperativo categórico tiene un costado de autoridad, de orden simbólico, de legado y transmisión. Y otro costado sacrificial que arrastra consigo en sus diversas modalidades: se sacrifican cosas en memoria de los caídos; se ofrecen en sacrificio para hacer existir al Otro, a las instituciones de veteranos de guerra, a la comunidad de excombatientes en general. Desde una posición de sufrimiento, Malvinas se ubica en la coordenada sacrificial. Al decir de ellos: “Hay una cuestión de pertenencia en Malvinas. Tiene que ver con la entrega, el sacrificio. Justificar la muerte por un pedazo de tierra. La guerra costó sangre y nos pertenece.”

            Freud dice en “Tótem y Tabú”: “En las sociedades más primitivas sólo existe un lazo que une de manera incondicionada y sin excepciones, el de la comunidad de linaje (kinship). Los miembros de esta comunidad responden unos por otros solidariamente; un kin es un grupo de personas cuya vida esta ligada de tal modo en una unidad psíquica que se los puede considerar como fragmentos de una vida común. Y en caso de muerte de un individuo del kin no se dice: “Ha sido derramada la sangre de éste o de aquel”, sino: “Nuestra sangre ha sido derramada”...... Kinship significa entonces tener parte en una sustancia común.” (1)

            El rasgo común expresa un rechazo al Otro. Cada grupo elige sus propios significantes por los que gusta ser nombrado, y desde donde se constituye como tal. Van nombrándose por los efectos de articulación social que se producen. El significante que los nombra les da dignidad de pertenencia a una comunidad dada. Desde una marca que los distingue, se congregan por un denominador común que los iguala. Más que en la igualdad, el interés recae en la inclusión y en la pertenencia al conjunto.

            La pertenencia instala la fraternidad, fraternidad que se constituye a partir de la segregación, de algo que es separado, que queda por fuera. Es un “estar separados del resto”, “estar separados juntos”.

            “El veterano de guerra se siente que está apartado de la sociedad. La sociedad discrimina al veterano de guerra. El veterano de guerra se siente marginado muchas veces. Cuesta reinsertarse en la sociedad. Nosotros también marginamos a los demás. Ser un veterano de guerra es una mala palabra. Sos un pobrecito, y a la vez un héroe”.

            A partir de la identificación sostenida en un rasgo común se producen efectos de segregación. El sujeto se siente expulsado de las diferentes figuras del discurso amo, por lo cual busca incluirse mediante un representante que lo represente. Desde la exclusión intenta retornar, y es del rasgo de segregación misma: “veterano de guerra”, del cual se sirven para ser aceptados y valorizados por la sociedad, por el Otro. La segregación responde a un  hecho de estructura, efecto de la identificación masiva, y es el lugar desde donde la Castración se actualiza en el síntoma.

            La segregación es un efecto estructural del lazo colectivo. La segregación se produce a partir del rasgo distintivo, y en tanto tal, funda dos conjuntos: por un lado, la colectividad, la pertenencia por sus identificaciones en común; por otro lado, la exclusión, lo extranjero, por sus diferencias narcisísticas.

            La segregación presenta un doble juego: es ejercida por el Otro social sobre el sujeto; y en otro sentido, es la segregación que el sujeto hace del Otro, en tanto rechaza ubicarse bajo su determinación, es decir, intenta prescindir de la legalidad de cualquier Otro, y ubicarse como excepción a la ley.

 “Los veteranos de guerra tenemos una marca en el orillo. Para venir acá, al grupo terapéutico estamos marcados. Nos encontramos, nos sentimos más importantes... Los veteranos de guerra hablamos el mismo idioma... Nos comprendemos mejor...Tenemos el mismo lenguaje, los mismos códigos.”

            El poder, la unión del conjunto de los veteranos de guerra se sostiene, en parte, por las palabras que los representan; su fuerza radica en el mismo idioma que han sabido mantener. Al igual que la Iglesia o el Ejército, su perdurabilidad reside en el lenguaje particular que le es propio a cada institución. El significante amo es capaz de organizar un conjunto discursivo. Al sostenerse en identificaciones consistentes, no toleran fácilmente las modulaciones que puedan hacerse de la lengua. Hablar el mismo idioma, entenderse por códigos, se traduce en un delirio de identidad, en una misma modalidad de goce.

            Esta identificación alienante a un significante amo es una identificación narcisista que configura la estructura formal del yo y del registro que percibe del mundo. Este tipo de identificación es correlativa de una tendencia agresiva. La tensión agresiva se genera con la ruptura de las uniformidades y la baja tolerancia a las diferencias. El significante “ser veterano” pacifica y lleva correlativamente a la guerra, en tanto promueve el narcisismo de las pequeñas diferencias. El “narcisismo del grupo” hace masa, mientras que el “narcisismo en el grupo” separa. Lo uniforme forcluye las diferencias, las singularidades, por lo cual lo forcluído retorna a veces en forma ofensiva. Momentos tensos de encuentros y desencuentros que se escenifican en lo imaginario de las internas propias de los Centros de Veteranos de Guerra. La vida grupal hace emerger las producciones imaginarias del grupo, identificaciones imaginarias que llevan a actuar los fantasmas inconscientes, generando situaciones bélicas.

            “A partir de ir a Malvinas, nos manejamos con uniones, como si fuéramos gremios”. El “ser veterano de guerra” le confiere al sujeto una insignia que lo ubica en un conjunto homogéneo como pueden ser los Centros de Veteranos. Instituciones organizadas en la legalidad de un rasgo unario, dónde el sujeto encuentra un modo de gozar común, constituyendo un aparente amparo para evitar el encuentro angustiante con el Otro.

            Atendiendo a las consideraciones precedentes, se precipitan varios interrogantes: Qué lugar para lo diferente, lo heterogéneo, en un conjunto homogéneo? Cómo conmover esta identificación alienante? Cómo rescatar la singularidad ante el uniforme universal identificatorio?

            El Programa “Malvinas” se erige como un Otro estratégico capaz de reconocer a los sujetos a partir de una nominación que los convoca. El Programa como institución porta la insignia “Malvinas” sobre la cual recae la transferencia, ofreciendo al sujeto la posibilidad de transferir y alojar el padecimiento de la guerra. El sufrir en aislamiento es llevado de la mano de un otro semejante, el facilitador, quien en espejo le devuelve una imagen confiable. La demanda se dirige hacia la insignia identificatoria que oculta la Castración. El dispositivo del programa es una invención, un modo de respuesta a la particular presentación del sufrimiento de quienes han atravesado la guerra.

            Por qué recurrir al pequeño grupo homogéneo como dispositivo terapéutico? Escuchemos sus dichos: “Somos distintos del resto de la gente. Nosotros creemos que somos distintos por la vivencia que hemos compartido. Nos motiva a todos el hecho de juntarnos. Nos obliga interiormente a estar juntos, comprendernos mejor.... Todos pasamos una igual cosa traumática... Partimos de haber vivido lo mismo, compartido la  misma experiencia de vida.”

El grupo terapéutico representa un lugar de pertenencia amparado en la identificación con el semejante. El encantamiento identificatorio está destinado a reabsorber las angustias y los miedos en una solidaridad común. Se agrupan bajo la lógica de una pérdida, de un daño padecido por culpa de otro, en la búsqueda de una necesidad de reivindicación, de reparo por el perjuicio causado, en su momento por el gobierno de turno. Toda identificación es producto de una pérdida, en vez de perder al objeto, lo recupero por identificación.

El pequeño grupo se constituye sobre la ilusión de la homogeneidad del síntoma. El grupo se sostiene por su poder identificatorio horizontal, por cierta reciprocidad identificatoria, espejismo de lazos imaginarios. El grupo identifica, colectiviza, contiene el goce destructivo, por lo cual causa un efecto humanitario. El grupo se erige como guardián del narcisismo de sus integrantes. Así se obtiene un beneficio narcisista en la pertenencia al grupo. La inclusión posibilita ser representado por un significante común al grupo, común a los yo diferentes, por ende hace lazo entre diferencias.

            No obstante la inclusión amenaza y aplana la diferencia subjetiva. Surge la aspiración a distinguirse, sustraerse de la masa. Tensión que se juega entre la “inclusión en” y la “exclusión de”.

El dispositivo grupal de veteranos evidencia su eficacia por los efectos terapéuticos y analíticos que produce. La palabra anónima de los integrantes del grupo produce y provoca efectos interpretativos en el resto. Responder a un acontecimiento traumático, en tanto es significativo para cada uno, es hacer una interpretación. La interpretación se dirige como operación a los significantes amos de la propia historia, que tuvieron algún peso en la vida de cada quien, como lo fue la guerra de Malvinas.

Cuál es la dirección en un tratamiento grupal? Se orientará ese goce en común para posibilitar el pasaje del “ser masa” al pequeño grupo. La entrada al grupo terapéutico o el acceso a un tratamiento individual es ya una acotamiento y tratamiento al goce masivo. La intención será liberar al grupo del aislamiento y atraer al sujeto del grupo. El grupo atravesado por cierta conflictiva manifiesta una dificultad para desmembrarse y para identificarse con la historia de cada uno. La idea circulante es que nada los puede separar, y que uno habla en el lugar del Otro, desde lo Universal. El principio de una cura grupal está fundada sobre la prueba y la toma de conciencia de los factores necesarios para un buen espíritu de cuerpo, de grupo.

Para quienes han vivenciado un hecho traumático, el grupo representa una contención, limitación al sufrimiento padecido por efecto de la comunidad de identificaciones. No obstante, esto mismo representa un obstáculo, en tanto el sujeto queda pegado al grupo en detrimento de la misma singularidad.

La dirección es ir borrando esa identificación colectiva “veterano de guerra” para propiciar la escritura del nombre propio del sujeto, dando alojamiento a lo singular a partir de lo homogéneo, en un intento de reinscribir al sujeto en el campo del Otro. Otorgar un lugar a la particularidad y al surgimiento del sujeto. Instalada “la ilusión del nosotros”, por la vía de la metonimia grupal, se tratará de producir la división subjetiva, rescatando la singularidad que se esconde en el ilusorio nosotros. El objetivo será desanudar las cuestiones imaginarias que harían grupo para ellos. No romper, no deshacer al grupo. Es decir desanudar dichas identificaciones sin deshacer.

            El inconsciente no es ni individual, ni colectivo. El sujeto no es soluble en lo colectivo: un sujeto no es igual a un significante, ni un significante representa en su integridad a un sujeto. Si el significante amo queda coagulado como único índice de rasgo común representa un empuje superyoico a la identificación; distinto destino si dicho significante permanece como referencia común. Lo problemático es si la identificación “veterano de guerra” se inscribe como nombre de destino, como retorno de lo igual, desestimando cualquier fortuito encuentro con otras identificaciones.

“Malvinas” fue marca en la vida de estos sujetos. Aferrarse a esta marca disponible es un modo de defensa ante la indefensión más radical, es un límite ante los efectos arrasadores de la guerra. El sujeto se soporta de aquellos significantes privilegiados que fueron marcando su existencia, y de los efectos que a partir de ellos orientaron su vida, como los referidos a la guerra. Sin embargo, más allá y más acá de Malvinas, el sujeto es siempre singular y lucha sostenido en su propio deseo.

  

BIBLIOGRAFÍA

 

  • * Material clínico extraído de los grupos terapéuticos de Quilmes y Avellaneda.
  •  (1) Sigmund Freud,  “Tótem y tabú”, Obras Completas, Vol. 13, Amorrortu editores, Buenos Aires,  1991, pag. 137.
  • Sigmund Freud,  Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires.
  • Jacques Lacan, “La psiquiatría inglesa y la guerra”, en Uno por Uno 40, Revista Mundial de Psicoanálisis, Edición Latinoamericana.
  • Eric Laurent, Lost in Cognition. El Lugar de la pérdida en la cognición, Colección Diva, Buenos Aires, 2005.
  • Jacques-Alain Miller y Eric Laurent, “El Otro que no existe y sus comités de ética”, “El Psicoanálisis en las instituciones. Un tratamiento de las toxicomanías”, en El Psicoanálisis aplicado a las toxicomanías, TyA Buenos Aires, 2003.
  • AAVV, Ecos y matices en psicoanálisis aplicado. Clínica de la psicosis, la fobia, el FPS y el pequeño grupo, Grama ediciones, Pcia. Buenos Aires, 2005.
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  • Eric Laurent, “Psicoanálisis y Lingüística: Europa. Traducción y exclusión- La fuerza de una ilusión”, en DISPAR  N´5 Psicoanálisis y Filosofía, Los discursos y la contemporaneidad, Grama ediciones, Buenos Aires, 2004.
  • Silvia Ons, “El Psicoanálisis frente a la guerra”, en DISPAR  N´5 Psicoanálisis y Filosofía, Los discursos y la contemporaneidad, Grama ediciones, Buenos Aires, 2004.
  • Karina Lipzer, “Efectos de segregación, efectos de exclusión”, en DISPAR  N´5 Psicoanálisis y Filosofía, Los discursos y la contemporaneidad, Grama ediciones, Buenos Aires, 2004.
  • AAVV, La Urgencia Generalizada. La práctica en el hospital, Grama ediciones, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2004.
  • AAVV, La Urgencia Generalizada 2. Ciencia, política y clínica del trauma, Grama ediciones, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2005.
  • Germán García, Actualidad del Trauma, Curso breve enero 2004, Grama ediciones, 2005.
  • AAVV, Sujeto, Goce y Modernidad III. De la Monotonía a la Diversidad, Edit. Atuel – TyA, Capital Federal Argentina, 1995.
  • Colette Soler, “El Psicoanalista y su institución”, Descartes N´4. Del análisis en la cultura, Anáfora editora, Argentina, Julio 1988.
  • Germán García, Curso 2006: “El Reverso del Psicoanálisis”.

 

 


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