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Lecturas

ROMERO BREST

Buenos Aires, 25 de setiembre de 1982

Señor Licenciado Carlos José Bruck

Presentes

Estimado amigo:

No crea que durante estos meses He estado pensando en el trabajo solicitado por Usted. Ocurre que tenía entre manos la factura de un libro, recién terminado hoy, y tengo la mala costumbre de no ocuparme más que de un tema a la vez. Le hago esta advertencia, no solo para disculparme por la tardanza, sino para que no considere que esta respuesta es el resultado de una larga meditación  Su ponencia la merecía, pera tampoco estoy capacitado para presentarle un trabajo de largo aliento.

He pensado dividir en dos partes mi respuesta: en la primera le diré cómo habría respondido a su trabajo sobre El psicoanálisis como una de las bellas artes, si hubiera asistido a las Jornadas; en la segunda, me referiré a los trabajos de otros psicoanalistas que ha tenido lagentileza de enviarme.

Primera parte:

Con respecto a su ponencia debo manifestarle ante todo mi. discrepancia con el título y más por la confusión entre “bella”, “artes” y “estética”, la que ya empieza por oscurecer la tesis sustentada. También en lo que se refiere al título de las obras de Thomas de Quincey, en las que considera al asesinato como una de las bellas artes. Justificable porque el vivir en el siglo XIX, cuando se aceptaba el acoplamiento arte-belleza, mas no en este siglo, pues el alcance de la palabra belleza llega hasta los movimientos clásicos, supuestamente herederos del arte griego. Platón podía decir que la belleza es el resplandor de la verdad, para mí arte ni es belleza ni es resplandor, es la verdad lisa y llanamente, desocultada por el creador y recibida por el contemplador. Simplemente la que es: ser en acción.

También se puede justificar a Thomas de Quincey por la relación entre asesinato y arte (ya no belleza), pues el asesinato es de alguna manera un acto creativo  Solo que la creatividad artística implica sublimación de actitudes estética-éticas con vistas a desocultar la verdad, y el asesinato, que tal vez tenga caracteres estéticos, no tiene caracteres artísticos.

Como le digo al principio no hay que confundir estética y arte, productos de la conciencia enderezada en el primer caso a la configuracion de la personalidad de cada cual, de modo intransitivo, salvo por contagio; en el segundo, hacía la configuracir5n de una obra, de modo transitivo. Tanto la conciencia estética-ética coma la artística apuntan a lo real (ser), pero allí donde ésta recurre a elementos formales, representativos o no representativos, para asegurar la permanencia de la obra, la otra recurre a elementos 4xistenciales, de acción personal, que por el contrario son contingentes, por lo menos variables.

Mi disidencia fundamental con Usted y segun presumo con todos les psicoanalistas, procede de que consideran el arte como cosa, por cuya zaz6n emplean el articulo determinante, o como fluencia de la obra, y para mí arte (sin articulo) no es cosa sino el resultado de la penetraci6n en el mundo verdadera por medio de la obra. Opongo así a la concepción antropológica, la ontológica.

Por esta disidencia es que no considero apropiada la comparación entre el relato del cuentista y los relatos del paciente en el diván, "El conocimiento de un hecho", son sus palabras, nada tiene que ver con el desocultamiento de la verdad' (ser).

Celebro, en cambio, que al final de su ponencia se refiera al "Tiempo en el que la Estética y la Etica no se habían seprado" como momento anterior, no dice a cuál. Daría lugar a una fructífera canversacion.

Segunda parte:

En cuanto a los trabajos enviados por Usted, mucho he aprendido, desde el punta de vista antropológico, mas persiste mi disidencia. Es el reproche que les hago a los psicoanalistas, pues si adoptaran la concepción ontológica, la contribución de ellos sería de enorme interés.

Por ejemplo, aunque hay una relaci6n estética (no artistica) entre el paciente y el terapeuta (Mauricio Abadi) esta misma es discutible, pues si bien el pacienterecupera su normalidad inconsciente, no la fija en actitudes que se puedan llamar psicoanalíticas; cuando más la recuperación facilita la adopción de actitudes estéticas (éticas además) sanas, pero no las crea, menos obras de arte. Nadie que yo sepa se vuelve estético o artista por el hecho de analizarse.

Mi disidencia es mayor en lo que se refiere a la falta de la noción de tiempo en el inconsciente. Porque pasado y futuro desaparecen en los sueños? Precisamente porque desaparecen impera (el tiempo, ya no el horario, el gramatical, sino el tiempo como categoría trascendental, desnaturalizado por la conciencia; es el tiempo de la verdad, el modo como en el inconsciente ser está en constante presentarse y borrarse.

La cuestión para mí no reside en el método sino en lo que se investiga con el, en lo que Mauricio Abadi llama pertinentemente "desnudar" lo que ha sido "vestido", "enmascarado", sólo que este ropaje no encubre solamente"el paquete de miedos, de culpas, de prohibiciones, de transgresiones", encubre la posibilidad de ser, más decisiva que el paquete, pues al no-ser uno mismo, se deja de concebir el origen de las realidades, esquivando la verdad. Unicamente concibiendo1o se pueden combatir las expresiones comunes que aún enturbian más la cuestión: emoción estética y emoción artística como efectos, tanto en la creación como en la contemplación. A mi juicio, mala literatura. La primera es impropia porque las actitudes estética-eticas producen certeza de si mismo, orgullo, eguridad, mas no emocion; la segunda errada, ya que la presunta emoción es presencia de la verdad. Con ln cual no niego la emoción – ¿Cómo no emocionarse ante la verdad?- afirmo que es un epifenómeno.

Saludo a Usted con la mayor cordialidad



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